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- España avanza hacia un clima más seco, lo que exige reforzar la planificación hidrológica como eje clave para afrontar la desertificación y repensar la gestión del agua y del territorio
- La desertificación es uno de los grandes desafíos ambientales y socioeconómicos de nuestro tiempo, y desde el Foro de la Economía del Agua lo llevamos señalando años. Lejos de ser un fenómeno puntual o exclusivamente climático, esta aridificación responde a una combinación compleja de factores en la que la gestión del territorio y de los recursos hídricos juega un papel decisivo.Hace pocas semanas hemos visto cómo esta cuestión de importancia capital ha sido objeto de un nuevo estudio publicado por la International Journal of Climatology que advierte que España cada vez será más desértica. Los datos más recientes confirman una tendencia preocupante que, como sociedad, no podemos ignorar: somos un país cada vez más árido.A pesar de que los últimos episodios de lluvias pueden generar una percepción de alivio, el análisis a largo plazo muestra otra realidad. Desde 1961, una parte significativa del territorio nacional ha ido desplazándose hacia condiciones climáticas más secas: un 12% en la Península y Baleares y un 16% en Canarias. Hoy, esta tendencia se refleja con claridad: el 37% de la España peninsular presenta ya un clima semiárido, mientras que en Canarias más de la mitad de su superficie (51%) se sitúa en condiciones áridas. Este proceso no se explica únicamente por la falta de precipitaciones. Como ponen de manifiesto los estudios científicos, el aumento de la capacidad “secante” de la atmósfera está incrementando la evapotranspiración y reduciendo la disponibilidad efectiva de agua en suelos y ecosistemas. Las proyecciones apuntan a que esta tendencia se intensificará en las próximas décadas, afectando especialmente al sur y este peninsular, la Meseta Central, el valle del Ebro y las Islas Canarias.Desde el Foro de la Economía del Agua defendemos que la desertificación debe abordarse desde una perspectiva integral. Así lo hemos querido reflejar en el libro “Desertificación, cuando el territorio hace aguas”, del investigador Jaime Martínez-Valderrama, que hemos impulsado desde 2024 dentro de nuestra colección “Escritos del Agua”. En esta obra se pone de relieve que la desertificación no es el avance inevitable del desierto, sino el resultado de una gestión inadecuada del territorio, a menudo condicionada por presiones económicas o por una planificación insuficiente.
El libro profundiza en los fundamentos conceptuales e históricos de la desertificación y plantea un enfoque innovador basado en la Neutralidad en la Degradación de las Tierras (NDT). Este concepto propone alcanzar un equilibrio entre la explotación y la conservación del suelo, integrando conocimiento científico, tecnología y planificación para evitar que nuestras decisiones agraven la degradación y, en la medida de lo posible, contribuyan a revertirla.
En este sentido, quiero insistir en una idea clave: la planificación hidrológica debe ser un pilar esencial en la lucha contra la desertificación. Aunque la escasez de agua no es la causa directa, sí actúa como un factor que intensifica la aridez y acelera la degradación del suelo. Incorporar criterios sólidos de gestión del agua no solo permite mitigar estos efectos, sino también reforzar la resiliencia de nuestros territorios frente a un clima cada vez más exigente.
La desertificación afecta ya a una parte significativa de nuestro territorio y tiene implicaciones directas sobre la biodiversidad, la producción agrícola, la disponibilidad de recursos hídricos y el equilibrio socioeconómico. Afrontarla exige ir más allá de respuestas puntuales y apostar por estrategias estructurales que integren planificación, conocimiento y buena gobernanza.
Como presidente del Foro de la Economía del Agua, estoy convencido de que el reto no es solo adaptarnos a un entorno más árido, sino transformar la manera en que gestionamos el agua y el territorio. Solo así podremos garantizar su sostenibilidad a largo plazo y el bienestar de las generaciones futuras.
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