Paulina Soto


Enero 31, 2017

La transparencia no es un concepto y exigencia exclusiva de los gobiernos y la administración, sino que se abre paso con fuerza también en el ámbito corporativo. Las empresas, en particular las más grandes, más allá de su voluntad, no son ajenas a una demanda de una sociedad empoderada y movilizada que anhela acceder a información antes circunscrita a feudos inaccesibles, a ampliar los límites de su participación en decisiones antes tomadas en espacios cerrados al escrutinio público, a la búsqueda de instrumentos efectivos para poner salvaguardas a prácticas corruptas y a proveer información relevante para una mejor asignación de recursos en general limitados.

El sector del agua no es ajeno a esta realidad que llegó para quedarse. Un reciente estudio del Banco Mundial demuestra que hay una correlación positiva entre transparencia y mayores niveles de eficiencia de los proveedores de servicios de agua y saneamiento. Por otro lado, la Iniciativa de Gobernanza de Agua de la OCDE, en su trabajo sobre Principios de Gobernanza del Agua, identifica siete categorías de déficits de gobernanza relativas a la gestión de este sector. Dos de ellas están directamente vinculadas a la transparencia: rendición de cuentas e información.

Pasar de afirmaciones volitivas, de declaraciones de principios, de exposiciones de motivos a su puesta en práctica tiene dificultades. Como bien expresa el dicho “el diablo está en los detalles”, es en esta transición donde se suelen quebrar las buenas intenciones. En un intento por aterrizar el concepto de transparencia, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en estudios sobre gobernanza en general, comenzó a desarrollar el concepto de transparencia focalizada en referencia a políticas de transparencia denominadas de segunda generación, que más allá de garantizar el derecho a la información, establecen herramientas y mecanismos para revelar información clave en sectores o áreas específicos. El objetivo es que la información disponible además “tenga un impacto claro y logre modificar los comportamientos de los actores – individuos, empresas públicas y privadas, entidades reguladoras- involucrados en procesos específicos”.

Para que todo lo anterior ocurra, el imperativo es poder acceder a una información exacta, confiable, de calidad y relevante, puesta a disposición de forma clara, comparable y fácil de entender, incluso para no especialistas, presentada en formatos que sean fácilmente accesibles y a través de medios amigables y que no requieran un esfuerzo excesivo por parte de los usuarios, así como actualizada de forma continua. En el caso de una política de transparencia focalizada, la información que se espera obtener es específica y “conlleva en sí misma un curso de acción por parte de los usuarios.”

Los beneficios más tangibles de la transparencia y la gestión de la información sobre el sector del agua y saneamiento son múltiples para todos los actores así como para la sociedad en general, y generan un impacto positivo en temas fundamentales como los procesos de gestión de los servicios, la rendición de cuentas, la evaluación y la competencia por comparación (benchmarking) de organismos operadores, el diseño y evaluación de las políticas públicas del sector, la provisión de insumos para los procesos de toma de decisión presupuestaria, el proceso de regulación de tarifas, las acciones de protección ambiental y, en definitiva, en la gobernanza del agua.

Los actores del sector, cada uno desde su espacio de actuación, funciones, particularidades, tienen que abordar y profundizar su compromiso con la transparencia, la rendición de cuentas, los mecanismos que permitan involucrar a las partes interesadas, a las comunidades, todos éstos, procesos interconectados. En el caso de las empresas no atender esta responsabilidad las pone ante el riesgo cierto de desprestigio de su marca y en consecuencia, de pérdida de mercados. Dicho esto, es fundamental actuar por convicción y entender que es mejor ser proactivo y diligente e ir incluso por delante de la obligación legal, ello genera confianza. Al igual que muchos gobiernos, las empresas se enfrentan al desafío de ganar confianza y reconquistar la sociedad. Está claro que el verdadero desafío es ser transparentes, no solo parecerlo.

Paulina Soto
Consultora

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