Ver lo invisible

Desalar agua, una solución prometedora con algunos inconvenientes


Las desaladoras, al igual que en otro momento histórico los embalses y después los transvases entre cuencas, se presenta a ojos del gran público como la solución definitiva a la pertinaz escasez hídrica que parece tener especial predilección por ciertas áreas del territorio. Simplificando enormemente el proceso de desalación –que a continuación veremos con más detalle- y obviando que las políticas hídricas deben apostar por gestionar la demanda en lugar de seguir inflando la oferta, la solución parece consistir en instalar una serie de equipos que eliminen la sal del agua y distribuirla por las parcelas de riego. Escuchando una entrevista a Gonzalo Delacámara, un dato (min 6:20) me llamó la atención: “tan solo utilizamos [en España] el 17% de la capacidad de desalación instalada”. España ocupa el quinto puesto mundial con 900 plantas de desalación que procuran 3 hm3 al día (o 3 millones de m3). El programa AGUA (con un coste estimado en 3798 millones de euros) tenía por objeto la construcción de 21 grandes plantas desaladoras que aportarían 1063 hm3 al año. Este ambicioso programa prometía que[.....]

Desalar agua, una solución prometedora con algunos inconvenientes

J. M. Valderrama

diciembre 11, 2018

Un hedor irrespirable


El Londres victoriano: la ciudad de contrastes sobrecogedores A principios del siglo XIX, el río Támesis, (como tantos otros en España hasta hace no muchas décadas) era una alcantarilla abierta, con consecuencias desastrosas para la salud pública de la ciudad de Londres. Eran frecuentes las epidemias de cólera llegado de Asia, causadas por cepas de enterotoxinas de la bacteria Vibrio cholerae. Desde principios del siglo XVIII es posible encontrar propuestas para modernizar el sistema de alcantarillado de la ciudad; sin embargo, nunca llegaron a prosperar por sus costes. (O quizás habría que decir por una percepción errónea y miope de sus costes). La reacción, como en tantas ocasiones, llegó de la mano de una crisis: el llamado Gran Hedor (Great Stink) de 1858, en plena época victoriana (1837-1901). Los ciudadanos más opulentos de Londres eran muy vulnerables al cólera, lo que creaba un poderoso incentivo para resolver el problema. Los inodoros, con su origen en la época de los Tudor (1485-1603), en realidad solo adoptaron su forma actual (cisterna, codos, tuberías y válvulas en un único sistema), en torno a[.....]

Un hedor irrespirable

Gonzalo Delacámara

diciembre 4, 2018

La brecha urbano-rural, una tarea pendiente en América Latina


Para nadie es un secreto lo importante que resulta, en especial para una región como América Latina, prestar servicios básicos de agua y saneamiento de forma sostenible a sus habitantes urbanos. De hecho, en las ciudades latinoamericanas se genera más del 60% del PIB de la región, por lo que la disponibilidad del agua para el consumo humano y sus otros usos productivos es esencial para que las ciudades puedan seguir cumpliendo su rol como motores del crecimiento económico. Sin embargo, los países latinoamericanos no pueden descuidar el desarrollo de infraestructura hídrica en las zonas rurales. Incluso es necesario redoblar los esfuerzos en este ámbito, considerando que todavía en las áreas rurales se concentra más del 60% de la población sin acceso al agua y más de la mitad sin saneamiento. En este último caso, uno de cada cuatro habitantes rurales (unas 34 millones de personas) no cuenta con baño digno. Esta situación es preocupante porque acentúa la exclusión social en una de las regiones más desiguales e inequitativas del planeta. Si sumamos la falta de estos servicios a poblaciones[.....]

La brecha urbano-rural, una tarea pendiente en América Latina

Víctor Arroyo Carmena

noviembre 26, 2018

Vivir de nuestros residuos para poder vivir de nuestros recursos


“El gran poema de este siglo solo podrá ser escrito con materiales de desecho”. La afirmación de A. Muñoz Molina se incluye en su obra Un andar solitario entre la gente. Y eso es la economía circular: tendremos que vivir de nuestros residuos tanto como de nuestros recursos. La Naturaleza no distingue entre unos y otros: en el funcionamiento natural de los ecosistemas nada es en sí un residuo. Solo nuestra valoración de materia, energía y agua, limitada y basada en percepciones sobre su contribución al bienestar, lleva a considerar algo un recurso (un bien, con valor positivo) o un residuo (un mal, con valor nulo o negativo). Eso sí, nuestra percepción y la valoración asociada varían: lo que un día es un mal (p.e. el biogás generado a partir de la digestión anaeróbica de la biomasa de los lodos de una EDAR), en otro momento puede ser observado como un bien (un combustible, sin abandonar el ejemplo previo). La economía circular no es más (ni menos) que un sugerente oxímoron que muestra el valor de aquello que, por miopía,[.....]

Vivir de nuestros residuos para poder vivir de nuestros recursos

Gonzalo Delacámara

noviembre 8, 2018

El nuevo Gobierno ante la gestión del agua: el coraje de mirar lejos


Desconozco un código moral que desprecie la lealtad, la inteligencia o el desinterés (desprendimiento, no abulia). De los gobernantes se elogia con frecuencia la solvencia, la claridad de ideas, la templanza o el carisma pero a veces se infravalora o se omite el coraje. Decía Truman, Presidente de EE.UU. (1945-1953), que “los hombres hacen historia y no al revés. En periodos donde no hay liderazgo, la sociedad se detiene. El progreso se produce cuando líderes valientes y hábiles aprovechan la oportunidad para cambiar las cosas para mejor”. Efectivamente, el coraje parece imprescindible. Eso no significa que tenga que ser beligerante, pero sí ha de existir valor para defender aquello en lo que uno cree, lo que uno piensa… El filósofo Fernando Savater afirma que no es posible la ética sin coraje para vivir, generosidad para convivir y prudencia para sobrevivir. De todas las manifestaciones de coraje que uno esperaría del actual Ministerio de Transición Ecológica (MITECO), quizá haya una por encima de todas: la mirada de largo plazo. Esa altura de miras sería necesaria para la acción de Gobierno en[.....]

El nuevo Gobierno ante la gestión del agua: el coraje de mirar lejos

Gonzalo Delacámara

julio 30, 2018

Eficiencia y uso del agua, una cuestión de escala


Uno de los eslóganes más persuasivos, permanentemente esgrimidos por los representantes de aquellas regiones secas que han convertido la agricultura de regadío en un sorprendente motor económico, es aquel que proclama que hasta la última gota de agua que captura su red de tuberías se torna en riqueza. Aquí, aseguran, no se desperdicia nada. En efecto, invertir en sistemas de regadío hiper-eficientes, que conducen el caudal necesario de agua desde el punto de suministro hasta la misma planta sin que se pierda nada por el camino, supone ahorrar miles de metros cúbicos de agua. Es de esperar, tras la mejora de la eficiencia en el riego, que las cosas mejoren y que por tanto el agua deje de ser el factor que limita el desarrollo de estas regiones. Sin embargo, el mensaje que trata de hacernos percibir como un castigo divino el hecho de que falta agua precisamente en aquellos lugares donde la tratan con más mimo, se reitera. ¿Por qué siendo la punta de lanza de las técnicas de riego persisten las carencias hídricas? Por una razón muy sencilla:[.....]

Eficiencia y uso del agua, una cuestión de escala

J. M. Valderrama

julio 19, 2018

Desertificación, el precio de la codicia


La desertificación se puede definir como el desajuste entre la disponibilidad de recursos naturales y su uso. Si bien esta situación es extensible a otros problemas medioambientales, la peculiaridad de la desertificación radica en que se da en territorios áridos, aquellos donde el índice de aridez (la ratio entre la precipitación y la evapotranspiración potencial) es menor a 0,65. Es preciso recalcar que hablamos de usos del recurso, lo que implica de manera directa al ser humano en la génesis del problema. Así, la desertificación no debe equipararse con el avance de un desierto previamente establecido, como el Sahara o el Atacama. Los límites de este otro tipo de desiertos dependen exclusivamente de pulsiones climáticas y por esa razón se conocen como desiertos climáticos. En las zonas áridas –que en rigor incluyen las sub-húmedas secas, semiáridas y áridas–, el factor limitante es la disponibilidad de agua. Así, la dimensión poblacional y la envergadura de sus economías se ha adaptado a una provisión de agua escasa e irregularmente distribuida, tanto espacial como temporalmente. Durante siglos, incluso milenios, los habitantes de estas[.....]

Desertificación, el precio de la codicia

J. M. Valderrama

junio 11, 2018

La adaptación al cambio climático: la oportunidad de una vida


“It was the best of times, it was the worst of times, it was the age of wisdom, it was the age of foolishness, it was the epoch of belief, it was the epoch of incredulity, it was the season of Light, it was the season of Darkness, it was the spring of hope, it was the winter of despair, we had everything before us, we had nothing before us, we were all going direct to Heaven, we were all going direct the other way—in short, the period was so far like the present period, that some of its noisiest authorities insisted on its being received, for good or for evil, in the superlative degree of comparison only” (A tale of two cities, Charles Dickens, 1859)   Como en el rotundo comienzo de Historia de dos ciudades, en el que se comparaba el Londres conservador de fines del s. XVIII y el París revolucionario de principios del s. XIX, el cambio climático puede observarse desde la oscuridad o desde la luz. Tengo la convicción de que no podemos dejar ese[.....]

La adaptación al cambio climático: la oportunidad de una vida

Gonzalo Delacámara

mayo 14, 2018

El valor del agua: si está oculto, será ignorado


Cualquier decisión en la vida se basa en nuestra percepción sobre el valor de las cosas, nuestras experiencias y nuestras expectativas. Si algo se minimiza o se pasa por alto por completo a menudo es el resultado del valor que le asignamos. Frente a lo que se cree, casi todo sobre el agua sigue siendo desconocido. Los usuarios urbanos tienden a ignorar la cantidad de agua que consumen, la mayoría de las actividades necesarias antes de que el agua llegue a su grifo (especialmente la extracción de agua en la cuenca o el tratamiento de la misma para potabilizarla) o lo que sucede una vez que las aguas residuales abandonan nuestra casa, por no hablar de qué es un acuífero o si las infraestructuras de agua son adecuadamente mantenidas y reemplazadas … Casi todo resulta invisible para ellos. Otros usuarios de agua (agricultores, la industria manufacturera, operadores de energía hidroeléctrica, etc.) son seguramente más conscientes del impacto real del agua como un insumo crítico para sus procesos de producción pero es muy probable que, incluso en ese caso, ignoren los[.....]

El valor del agua: si está oculto, será ignorado

Gonzalo Delacámara

mayo 7, 2018

Agua: todo lo que se ignora, se desprecia


Sorprende que siendo el agua un bien de primera necesidad, vital, su valor sea esencialmente desconocido en términos prácticos, como decimos en el título parafraseando a Machado. En realidad, parte de las dificultades deriva del hecho de que el agua se presta a numerosos equívocos. Decía en todo caso Emile Ciorán que “la lucidez absoluta es incompatible con la respiración”. Por un lado, se confunde el agua en alta (lo que genéricamente llamamos recursos hídricos) con el agua en baja (lo que se da en llamar servicios de agua). El agua de los ríos, los acuíferos u otras masas convencionales de agua, se complementa contemporáneamente en muchos países con recursos menos tradicionales como la desalación de agua de mar o salobre y la reutilización de aguas residuales regeneradas. Esos recursos se vinculan a numerosos usos consuntivos y no consuntivos: el abastecimiento de agua potable a la población, el riego de cultivos, el mantenimiento de la cabaña ganadera, la producción de numerosos bienes manufacturados, la refrigeración de equipos industriales y centrales energéticas, la generación de energía eléctrica, la producción acuícola, la[.....]

Agua: todo lo que se ignora, se desprecia

G. Delacámara y M. Arenas

abril 9, 2018

Pacto Nacional del agua y seguridad hídrica de las ciudades


No vemos nada en la oscuridad; la ausencia de luz es cegadora. También la luminosidad excesiva. Piensen en un interrogatorio ante un foco: ceguera y desorientación se combinarán en un resultado aterrador. En medio de la ignorancia, sin elementos racionales, carentes de información, no veremos nada. Guiándonos por quienes creen hablar desde la lucidez plena (‘iluminados’), tampoco. Comprender, explicar, analizar, pactar… demandan matices. Saramago, Nobel de Literatura, publicó en menos de una década dos novelas de título similar, relacionadas entre sí: Ensayo sobre la ceguera y Ensayo sobre la lucidez. En la primera, el autor nos alertaba sobre la “responsabilidad de tener ojos cuando otros los perdieron”. Quizás sea esa la genuina obligación de quienes pactan: guiarse por ese imperativo ético. Asistimos hoy a cierta inflación pactista, al menos en lo volitivo. Se evocan numerosos Pactos Nacionales o de Estado: por la energía; por la I+D+i; por el empleo; por la educación; contra la violencia machista; por la justicia; por la financiación autonómica; e incluso por la unidad de España y en defensa de la Constitución. Muchos de esos temas[.....]

Pacto Nacional del agua y seguridad hídrica de las ciudades

Gonzalo Delacámara

abril 2, 2018

La sequía: llueve sobre mojado


La sequía y la lluvia Creer que la sequía termina (solo) con la lluvia es tan temerario o ingenuo como creer que se explica (solo) por la falta de precipitaciones significativas. Ambas ideas, que en realidad son una, forman parte del mismo equívoco recurrente. Hace unos días, unos amigos me hicieron ver la contradicción aparente, cuando no la impopularidad, al hablar de sequía tras semanas de lluvia. En el imaginario colectivo, la sequía sigue estando asociada a la ausencia de lluvia y la llegada de ésta inmediatamente nos conduce a pensar que la escasez coyuntural es parte de la memoria inmediata. Decía Julio Llamazares (1955-), en su novela La lluvia amarilla (1988): “el tiempo es un río infinito, una sustancia extraña que se alimenta de sí misma y nunca se consume”. Hay evidencia histórica de sequías en España desde hace siglos. La vida se repite. Pensamos que todo cambia pero, en realidad, algunos cambios no son tan evidentes; reparamos en ello cuando pasa el tiempo, como le ocurrió a nuestros padres y le ocurrirá a nuestros hijos. Ni siquiera los[.....]

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Gonzalo Delacámara

marzo 26, 2018

El agua, la puerta, el pensamiento y el amor


Cuenta George A. Akerlof, Nobel de Economía 2001, que su libro con otro Nobel (Robert J, Shiller, premiado en 2013), traducido como La Economía de la Manipulación, surgió de las conversaciones de ambos con otro Nobel de Economía (2002): Daniel Kahneman, psicólogo. Imaginen las conversaciones entre esos tres caballeros. Kahneman escribió un maravilloso ensayo: Pensar Deprisa, Pensar Despacio, que cito con frecuencia. En él, reflexiona sobre qué nos lleva a tomar las decisiones que tomamos, acertadas o no. Se refiere así a opiniones, elecciones, valores, deseos, creencias, expectativas, críticas, ceguera, racionalidad, sesgos, intuiciones, deducciones, errores… En su libro, Kahneman propone el siguiente ejercicio que me gustaría compartir, de modo necesariamente abreviado, con los lectores de este artículo. Imagine por un momento que le preguntan con qué frecuencia emplea palabras abstractas (como pensamiento o amor) y palabras concretas (como puerta o agua). Una manera de responder es pensar en contextos en los que emplea esas palabras. Mientras me leen, ya habrán pensado en alguno. Habrán visto entonces que resulta algo más sencillo pensar en contextos en los que usan conceptos abstractos.[.....]

El agua, la puerta, el pensamiento y el amor

Gonzalo Delacámara

marzo 5, 2018

Sequía: cuando la falta de lluvia no es el principal desafío


En familias que acaban de sufrir la pérdida de uno de sus miembros, la ausencia es una presencia obsesiva. Del mismo modo, la falta de lluvia se apodera de mucho más de lo que somos conscientes en el día a día. A veces, como hace unos días, llueve o nieva y la reserva hidrológica se recupera leve y lentamente (pues es necesario esperar al deshielo). Después, acumulamos semanas, meses o años sin precipitaciones relevantes y regresa una inquietud imprecisa. En el camino perdemos la memoria, la perspectiva y la capacidad de respuesta. Nos cuesta creer que vivimos una sequía porque ésta comienza progresiva e imperceptiblemente. De hecho, nadie sería capaz de afirmar el comienzo de la misma mientras ocurre. Un día no llueve, al siguiente tampoco, después lo hace anecdóticamente, pasan varios días más sin lluvia y un día comenzamos a tener evidencia, echando la vista atrás, de que la sequía comenzó. Aun así, habrá que esperar, de hecho, a que el Ministerio competente (el MAPAMA) declare oficialmente la alerta por sequía vía decreto. Vendrá entonces a certificar algo que[.....]

Sequía: cuando la falta de lluvia no es el principal desafío

Gonzalo Delacámara

febrero 26, 2018

Disección de una tormenta


La sequía tiene algo de absurda. Durante meses o años, uno ni siquiera es consciente de que llueve menos salvo que la lluvia sea imprescindible para su bienestar inmediato (por ejemplo, un agricultor acostumbrado a tomarle el pulso a la tierra). Después, con el paso del tiempo, uno sabe que no llueve tanto como sería necesario; a veces, incluso, repara en que no llueve sin más. Esa convicción es compatible con otra más desasosegante: nada de lo que hagamos hará que llueva antes o más a corto plazo. Aparentemente, sólo queda esperar. El absurdo roza el paroxismo cuando uno descubre que la lluvia, como la caída estos últimos días, mitigará algunos impactos pero el desafío genuino (la escasez estructural en amplias zonas), persistirá: la ausencia de lluvia sólo explica una parte del problema. En 2011, Menchu Gutiérrez publicó su novela Disección de una tormenta. En ella, una serie de internos, en una institución que parece un psiquiátrico, espera una tormenta que no llega. No me aventuraré demasiado en paralelismos pero hay, al menos, una analogía básica: febrero de 2018 y[.....]

Disección de una tormenta

Gonzalo Delacámara

febrero 21, 2018

La dialéctica entre lo público y lo privado: otra marea que no cesa


La dialéctica entre lo público y lo privado emerge de modo recurrente a lo largo de la historia. Por momentos, parece latente, encapsulada; en otros, regresa de modo virulento, con frecuencia teñida de apriorismos ideológicos más que de reflexión. Esa discusión, además, no se da en un único plano ni en relación a ningún contexto específico. De hecho, lo impregna todo en ocasiones, si bien en un contexto de polarización que conduce al hastío.   A veces lo público y lo privado equivalen a lo que ocurre fuera de nuestra esfera íntima y lo que acontece en la misma. En otras se identifica con lo colectivo, lo social, frente a lo individual. En un contexto algo diferente, se plantea como un debate en torno al Estado y el mercado. Por momentos, como la disyuntiva entre el populismo frente a la tecnocracia, entre las emociones y la razón. Y, casi siempre, todas estas discusiones se dan en medio de una confusión notable entre los fines y los medios, entre objetivos sociales e instrumentos para alcanzarlos.     La esfera íntima frente[.....]

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Gonzalo Delacámara

febrero 8, 2018

La sequía en España: el tamaño de nuestra complacencia


Precipitaciones, embalses, y la traslación de responsabilidad No sorprende el interés informativo que despierta la sequía, aunque contraste con la dificultad colectiva para entender el papel del agua en el desarrollo de nuestra sociedad, bien como factor limitante u oportunidad. Sin embargo, llama la atención que lo que concentre nuestro interés es que llueve poco y los embalses se vacían. Nuestra mirada complaciente traslada la responsabilidad a Oyá, la diosa yoruba de la tempestad, o a la Virgen de la Candelaria, y nos libera. No se trata de ser agorero; a fin de cuentas, la felicidad ilusoria, como nos contaba Unamuno, es una opción frente a la verdad trágica. Sin embargo, intentemos aportar algunos criterios racionales a la discusión sobre la sequía, alejados del nihilismo del primer Camus, el autoengaño consciente de Sartre y la estulticia de Trump. El año hidrológico 2016-2017 (del 1 de octubre al 30 de septiembre) ha sido el octavo con menos precipitaciones desde 1981, según Aemet. Las precipitaciones acumuladas son inferiores a su valor normal de referencia (1981-2010) en la mayor parte del país y[.....]

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Gonzalo Delacámara

octubre 20, 2017

Cuando las barbas del vecino veas pelar…


Lecciones desde California: Quizás el lector ignore que California, sexta economía del mundo en función de su PIB nominal, si la individualizamos respecto al resto de los EE.UU., ha atravesado durante cinco años la peor sequía en medio siglo. En abril, el Gobernador Jerry Brown declaró finalmente el final de la emergencia; sin embargo, California seguirá padeciendo escasez estructural de agua y alto riesgo de sequía. Nada que el habitante de la costa peruana no conozca de primera mano, ¿verdad? En el cuarto año de sequía, se aprobó una orden ejecutiva que instaba a todos los asentamientos humanos del estado a reducir su uso de agua en un 25%, con sanciones de hasta US$500 diarios para quien incumpliese. A una situación así no se llega por un único motivo, desde luego. Todas las crisis son sistémicas y demandan explicaciones complejas. Sin embargo, un factor explica por encima de cualquier otro la crisis del agua (y la crisis económica asociada) en California: la falta de control en la gestión de las aguas subterráneas. Más allá de la agricultura, la más poderosa[.....]

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Gonzalo Delacámara

octubre 4, 2017

Pensar rápido, pensar despacio: el agua


Daniel Kahneman, Premio Nobel de Economía en 2002, presenta nuestra manera de pensar como la coexistencia de dos sistemas: el pensamiento rápido (inconsciente, intuitivo, casi sin esfuerzo), y el pensamiento lento (consciente, a partir de razonamiento deductivo, con un esfuerzo significativo). Tendemos a pensar que el segundo prevalece sobre el primero, nos gusta sentir que somos personas razonables, capaces de tomar decisiones sobre la base de criterios racionales, pero con frecuencia no es así. A menudo nuestro pensamiento es complaciente, holgazán, de ahí la afición que muchos sienten por las proclamas (como proposiciones debidamente empaquetadas para su consumo irreflexivo), con el deterioro consiguiente de la democracia y, lo que es más grave si cabe, de la convivencia. En esas situaciones, de hecho, se quiebra quizás el elemento esencial de la cultura democrática: el reconocimiento del otro, de todo lo que no es uno mismo, celebrar la existencia de quien no piensa como nosotros, siempre y cuando lo pensado no sea delictivo o carezca del más mínimo sentido de la ética. ¿Para qué cocinar si alguien puede hacerlo por nosotros?, pensará[.....]

Pensar rápido, pensar despacio: el agua

Gonzalo Delacámara

septiembre 27, 2017

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